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"La luz no se apaga nunca, los proyectores alumbran día y noche los pasillos y las celdas. Para poder dormir tengo que taparme la cabeza con mi camiseta". Esta es una de las quejas que formula a menudo mi corresponsal, joven hispano -americano, condenado a la pena de muerte en Texas. Roberto está en el pasillo de la muerte desde hace ya cinco años. Son también cinco los años que dura nuestro intercambio de cartas. Roberto tenía diez y nueve años cuando fué detenido, encerrado, juzgado y condenado a la pena capital por un crimen del que él se declara inocente : la muerte de una pequeña de dos años, hija de de su compañera.
Yo no sé cual es la verdad y no me corresponde juzgarlo. Yo sólo le escribo para que él conserve un poco de dignidad humana. Tengo cincuenta años más que él, yo podría ser su abuela.
En mis cartas he hecho preguntas para comprender mejor la realidad de lo que fué su vida de hombre libre. A lo largo de estos cinco años Roberto me ha descrito la vida de todos los días de los miserables exilados mexicanos, la segregación que los hace sufrir y las dificultades para lograr subsistir. Es fácil entender que en los Estados Unidos, no es bueno tener la cara morena.
Para esa gente que vive en los barrios más pobres, verdaderos ghettos, puede ser tan difícil sobrevivir como soportar el encierro de una cárcel. Existen prisiones sin barrotes. La miseria es una de ellas. En ese mundo, incluso la escuela deja de ser una derecho social, pues al cabo de poco tiempo y con a penas quince años, a menudo menos, es necesario ir a trabajar en cualquier cosa ! . Es algo que todo el grupo necesita para sobrevivir. Entre ellos existe una gran solidaridad. Roberto supo contarme como ha sufrido de haber tenido que separse de su clan, de haber tenido que enfrentar la dura realidad de la prisión y todo eso con menos de veinte años de edad ! Me hizo descubrir con todos sus detalles la humillante rutina de la cárcel.
En la celda, iluminada día y noche, la escudilla llega dos veces por dia. La comida siempre es servida … fría ! La grasa forma una costra, los fideos son una masa compacta.
Nadie protesta, allí se come y se engorda. Con el tiempo, el prisionero se vuelve obeso.
Son muy pocos los derechos que existen en el callejón de la muerte : escribir, si se tiene papel, poseer una radio si se tiene el dinero para adquirirla, leer si se reciben libros.
Todos los días, cada prisionero tiene, en principio, derecho a una hora de "playa ". A mi pregunta : "que es la playa ? " , Roberto me explica que es el lugar en que él puede, en 60 minutos, ducharse, lavar su ropa interior, hacer un poco de ejercicio, todo esto en el techo de la cárcel, en una terraza cubierta con enrejados a través de los cuales pasa tìmidamente el sol. Así es "la Playa" en la prisión de Livingstone en Texas.
Las prohibiciones son muchas y es también muy larga la lista de las cosas a las que no se tiene derecho : papel higiénico, jabón, cepillo de dientes, papel para cartas, sellos de correo, lápices … Son las familias, o los que les escriben a los presos los que deben asumir estas necesidades elementales. Esta es una de las razones por las cuales los condenados tratan de tener correspondencia, aún cuando la razón principal debiera ser el intercambio de cartas ! Esta mínima ayuda financiera les da la posibilidad de seguir viviendo con una apariencia de dignidad, hasta la hora de la silla eléctrica.
Del calor familiar que conoció, Roberto guardó una cualidad importante : la generosidad. En cada una de sus cartas, nunca falta la gentileza de preguntar por mi salud, por mi familia, y las ilustra con pequeños dibujos de mascaritas alegres o tristes o con una florcita. Siempre hace comentarios acerca de lo que yo le describo o sobre las fotos que le envío. Por una tarjeta en que figuraba el "Chorro de agua " de Ginebra, me preguntó : "Explícame que es esa especie de llave de agua al revés "… Y yo le explico todo, en desorden le doy cifras, dimensiones, fechas. Le describo como son las montañas, como es la región en que vivo, mi país y la nieve. También le he contado muchas cosas de México, su país, lugar donde yo viví por largo tiempo… Ese México que él no conoce y que no conocerá jamás !
Roberto nació en una doble prisión. La pobreza y la miseria que ella implica, y la prisión de la justicia de los hombres. Rejas afuera y rejas adentro, por todas partes, barreras infranqueables y al cabo de todo eso, la silla eléctrica !
La opinión que yo tengo de la prisión de Texas me viene de una conferencia que dió en Ginebra, Sunny Jacobs, americana, que pasó diez y siete años en el corredor de la muerte y que logró salir en libertad cuando el verdadero asesino finalmente confesó su crimen. Pero, su marido que fué encarcelado al mismo tiempo que ella, fué ejecutado a pesar de la confesión del culpable ! En las cárceles de Texas, los engranajes tardan mucho en dar marcha atrás y es muy raro que la justicia reconozca sus errores.
Yo decidí contestar favorablemente al pedido de esta ex-prisionera de los pasillos de la muerte : " Escriban a estos condenados, su soledad es inmensa, diganles que para ustedes ellos existen y que incluso en el fondo de una celda, en los corredores de la muerte, ellos siguen siendo seres humanos" !
Por mi parte, yo les pido a los que lean estas líneas …de pensar en ellos.
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